10/14/2013

Natalie Dessay y Charles Castronovo, Manon Toulouse 13/10/2013


14/10/2013 

Me decidí a viajar a Toulouse, para ver la Manon en el Théâtre du Capitole, cuando Natalie Dessay anunció que esta seria su última ópera en un escenario. Ella alegó motivos de adecuación a los personajes, debido a la edad. Es consecuente, dada la importancia que ella siempre ha dado a la credibilidad de sus roles. Me imagino que también habrá pesado la evolución de su voz con el tiempo: aunque aún le quedan mucho años para ello, no la imagino como algunas grandes figuras que se arrastran por los escenarios cuando hace ya años que debieron, por dignidad vocal, dejar de hacerlo. Natalie aún tiene una bellísima voz, agilidades perfectas, y un impresionante dominio técnico para utilizarlo con todos los recursos que posee, supliendo si hay alguna carencia de manera que enriquece a veces aún más la expresión del personaje. Pero los roles que ella aborda como soprano le planteen seguramente, para su altísimo nivel personal de exigencia, algunas dificultades que habrán pesado a la hora de tomar esa decisión. Afortunadamente, no se retira de los escenarios, ni del mundo lírico, está en perfectas condiciones para hacer otro tipo de perfomances, como conciertos, quizá discos, otros estilos musicales, etc. Ella ha manifestado en diversas ocasiones su interés por la interpretación, y yo me atrevería a afirmar que actualmente no existe una cantante con mayor nivel interpretativo que ella, superior al de muchas actrices incluso. Ese galardón, en cantante masculino, ya sabéis que lo otorgaría a Rolando Villazón, su compañero en la bellísima Manón del Liceu, en 2007. 

Con ese referente, no tenia muy claro lo que podía esperar en Toulouse de Charles Castronovo, que debutaba en el rol de Des Grieux. Intento ir en blanco cuando veo por primera vez a un cantante. El mundo de la ópera abundan los que creen que el encontrar defectos a todo les otorga el status de eruditos, y había leído (leer no puedo evitarlo, claro) algún comentario no muy favorable. Por otro lado, lo que yo había visto en Youtube de él me había gustado, e incluso entusiasmado, como sus canciones napolitanas, cantadas con una intensidad y belleza impresionantes. Fue, para mi, , la gran sorpresa de la noche. De Natalie esperaba lo mejor, como siempre que la he visto y dio lo mejor, pero Castronovo fue un magnífico Des Grieux, que dio la réplica a la altísima calidad  de la soprano sin desmerecer un ápice.

En el primer acto, los dos me parecieron un poco "en frio", sus voces no acababan de fluir, quizá porque eran las 3 de la tarde. Pero a partir del segundo estuvieron  ambos fabulosos. La escena de Saint Sulpice y el duo final fueron realmente extraordinarios, de una belleza y emotividad extremas. En la iglesia, la manera en que Manon-Dessay suplicaba, se arrastraba, la voluntad del Prête-Castronovo de resistirse, atormentado y la rendición final, llena de pasión desesperada, fueron momentos de alto voltaje.  Me gustó también, por su seguridad vocal y escénica, Thomas Oliemans como Lescaut. La dirección musical de Jesús López Cobos, orquesta y coro estuvieron bien, correctos.

La puesta en escena y el vestuario fue lo que no me me acabó de convencer. Laurent Pelly concibió esta escenografía para estrenarla en el MET, cuya caja escénica diría que es, como mínimo (sino más) el doble que el pequeño Théâtre du Capitole. Ya cuando la vi, la temporada pasada, emitida en cine desde el MET, no me convenció especialmente. Sin ser horrible, es demasiado neutra, insustancial, poco imaginativa, no aprovecha bien los muchos recursos que se pueden obtener de una historia como la de Manon. Parto, obviamente, de mi concepción de la ópera como algo en el que la representación escénica es un elemento fundamental. Para mi, sólo escuchar una ópera es una especie de aberración...que a veces también practico, claro...pero eso ya no es una ópera. Es como si escucháramos el audio de una obra teatral, en lugar de verla. Si, claro, exagero, pero no tanto...bueno, un día ya le dedicaré un post a eso. Volviendo a esta Manon, a la poca personalidad de la producción, se le une el efecto reductor del espacio. El primer, acto, por ejemplo, es realmente poco acertado, parece el escenario de una representación colegial. El segundo acto también queda disminuido, la plataforma elevada que representa el apartamento de París, queda a ras de suelo, eliminando la gracia de la escena. El paseo por Cours-la-Reine y la escena del casino, quizá se resienten menos, pero vuelve a notarse al final, donde una supuesta perspectiva falsa que podía funcionar en el MET, queda sin sentido en este caso.

Hubo también, a mi entender, un fallo clamoroso en la elección del color del pelo de Natalie. Esa elección debe ir en función del vestuario, de los colores de los trajes. Llevaba un color castaño claro, con un tono cobrizo, pero muy desleído, con muy poca intensidad. Con la mayor parte del vestuario funciona más o menos bien, pero con el vestido fucsia del casino queda muy inadecuado, tanto que debería haberse buscado o un castaño mucho más oscuro, o mucho más rojo, o un negro o un rubio, pero jamás ese color indefinido, impropio de la voluptuosa Manon en sus momentos estelares, con el que puede quedar bien un espectacular vestido de fiesta verde o azul, pero jamás uno fucsia. Tampoco me pareció adecuada la manera en que iba Manon vestida de harapos en el último acto. Si, ya sabemos que son desechos destrozados de ropa, que no favorecen ni se ajustan a su talla, pero tampoco hace falta que le pongan los restos de ropa vieja de Bryn Terfel, ocho tallas más grande que la suya. 

De todas maneras, nada empañó el éxito de la representación, Dessay y Castronovo brillaron por encima de esos detalles y el público les ovacionó largamente con entrega y devoción, como podéis ver en el vídeo final de Youtube..

Al final, fui, como no, a la salida de artistas. Allí estaba Renate, convertida de pronto al Castronovismo, diciendo maravillas del tenor, cuando antes de entrar me había expresada sus dudas respecto a él. Cuando salió Charles fue muy vitoreado, aplaudido y felicitado, y estuvo un buen rato atendiendo y fotografiándose con todo el mundo que lo requirió. Muy simpático, amable y...¡muy guapo!. Respecto a él, me he olvidado de decir que, en el buen sentido, no parece un tenor estadounidense. Me explico: con las cantantes me pasa menos, por ejemplo no tengo nada que decir, respecto a esto, de DiDonato o Radvanovsky, pero ellos....Pueden cantar más o menos bien, pero suelen tener la misma inexpresividad que tienen, por ejemplo, los vocalmente magníficos cantantes coreanos, que, si no los oyes, no sabes si cantan la Bohème o la guia telefónica. No es el caso de Castronovo, sus ancestros italianos le han dejado en herencia una marcadísima italianidad, una viveza y una lirismo muy notables, que, junto con el encanto que él mismo cultiva, hacen un cóctel muy contundente y adecuado para una larga y exitosa carrera operística.


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Bastante más nos hizo esperar Natalie, pero valió la pena. A su estilo directo, sin artificios ni sonrisas falsas, estuvo también atendiendo pacientemente a los que quedábamos, que, siendo su penúltima función de ópera, la mirábamos como si fuera una joya que en cualquier momento se va a desvanecer. Pero eso, afortunadamente, no sucederá. Hay Natalie Dessay para rato, con otros formatos, otros estilos, otras propuestas, que le permitirán expresar sus capacidades más amplia y libremente. Hemos disfrutado, hasta ahora en los escenarios, de una de las mejores sopranos de todos los tiempos, y yo estoy feliz de haber estado allí, en su penúltima actuación operística, y poderlo contar por si a alguien le puede interesar.


                                                              Fotos y vídeo: MrsTLeigthon